Solamente dos días de tranquilidad sirvieron para ponerme a reflexionar. Creo que todos necesitamos una ruptura similar, no podemos vivir atados a obligaciones y rutinas, tenemos que encontrar alguna manera de escapar y poner al día nuestra paz mental, satisfacer un poco el deseo de libertad. Me di cuenta de lo mucho que me gustan las pequeñas cosas, los pájaros a la mañana y el sonido de los grillos en la oscuridad, el café recién hecho y el olor a tostadas. También la playa de noche y los juegos de mesa en familia. Conocí actos míos de los cuales no era consciente, por ejemplo que hablo como el autor del libro que estoy leyendo una vez que estoy muy metida en la novela, o lo terriblemente observadora que puedo llegar a ser. Mi cabeza maquina constantemente, y siempre encuentra algo de qué ocuparse. Noté lo mucho que pienso en mi futuro y en la gente que me rodea. Agudicé mis sentidos y consolidé mis emociones, sigo orgullosa de ellas. Increíblemente, todo por un fin de semana de pura paz.