domingo, 18 de diciembre de 2011

No sé lo que fue, no quiero saberlo. Oscuridad, temor, miedo, pánico, tristeza sobre todo. Una tristeza aguda y profunda que pocas veces sentí. Perdí el control, dos segundos parecieron dos siglos. Estaba sola, completamente sola, y de repente todos los temores más grandes en los que podía pensar, se transformaban en hechos insignificantes, completamente lejanos, casi tan lejano como veía a todo a mi alrededor. Y me dieron ganas de gritar, estaba sola, así que grité, pero creo que no fue suficiente, sentí que aunque me desgarre el alma gritando, nadie me iba a escuchar nunca. Entonces lloré, lloré como nunca había llorado antes. Ni más ni menos, simplemente de una manera diferente, y sin un por qué.