Las fiestas llaman a mi lado sensible. Debe ser que cada vez son menos mágicas y más reales. Cada vez es más difícil reunir a la familia y encontrar un tema de conversación en la mesa, o simplemente será que la vida nos va marcando cada vez más, y se nos torna complicado ser compatibles aunque sea por una noche. Sin embargo, me parece un momento ideal para mirar atrás y ver una etapa que se cierra, después de todo es necesaria para empezar un año nuevo de cero, con nuevas metas y expectativas diferentes. Fue un año de demasiadas decisiones, y estoy orgullosa de eso. Tuve que terminar algo que me hizo conocer un mundo diferente, decidí decir siempre lo que pensaba, y por primera vez en mi vida, pude dar pasos completamente confiada sin arrepentirme e intentando no mirar atrás. Pude decir las cosas que sentía, y mantener a la gente que quiero cerca mío, aunque a veces pude haber fallado. Elegí un rumbo para mi vida, y cerré una etapa que de a ratos me hubiese gustado que durara para siempre. Sumando todo esto fue un año difícil y aunque algunas cosas no estén como quiero, soy conciente de que eso es normal y sé que valió la pena. También se que el 2012 me trae cosas completamente nuevas, un cambio de vida drástico, así como de personas que me rodeen como responsabilidades, y la verdad es que creo que estoy lista para recibirlo.