Y lo único que le quedaba era ella misma, ya había perdido todo lo demás. Esta vez, no le quedaba más remedio que confiar en su naturaleza. Se encontraba desamparada en un mundo de gigantes, llamados codicia, dinero y miedo. Estaba desolada, necesitaba unos brazos afectivos, una mirada compasiva, y no había un sólo ser que pudiera darle eso. Quería volver el tiempo atrás, donde el peso del mundo tenía sentido, donde el calor familiar se podía apreciar, donde la tarde existía para jugar a las muñecas y lo desconocido realmente, no importaba. Aquellos momentos donde lo único que valía la pena era tener la chocolatada a tiempo para no perderse un minuto de los dibujos animados, donde el día terminaba mucho antes de que llegara la verdadera noche.
A aquellas épocas quisiera volver de vez en cuando.