Te extraño, odio ver las noches pasar sin poder tenerte a mi lado, compartiendo la oscuridad, presa de tus brazos, siendo tu única prisionera, sin libertad pero felíz, viendo como cuidas de mi y curas mis tantas heridas con tus besos. Sonriendo al descubrir que eso era lo que queríamos, vos y yo con nuestras mentes únicamente en eso, y que mi boca por fin sea correspondida con tus labios, con mis manos enredadas en tu pelo y tus brazos que no me dejan escapar. Dueños del silencio, y de las respiraciones agitadas que conforman el único sonido, placentero. Escuchar tus palabras susurrando en mi oído, estremeciendome hasta mi punto más profundo, rezando por que no pares nunca. Buscando reparo en tus ojos, perdiendo todo sentido lógico y lineal que llevan mis palabras al tocar tu cuerpo de hierro, que me puede y hace que se destruya cualquier clase de pensamiento decente.-